La rebelión de los gregarios: de Hinault a Marc Soler

Un article de Luara Máñez Taberner

Muchas líneas se han escrito estos días en referencia al episodio protagonizado en la 9ª etapa de la Vuelta a España que se está celebrando estos días en nuestro país por Marc Soler, el corredor que ejerce el rol de gregario en el Movistar Team desde hace tres temporadas.

Marc, ese joven ciclista catalán lleno de talento que milita en las filas del equipo español de categoría WorldTour y que trabaja de manera brillante para sus líderes en las Grandes Vueltas y otras carreras en las que es convocado.

Y aunque esto no pretende ser una apología del ciclista catalán, todo aquel que haya seguido mínimamente el transcurso de la actuación del equipo telefónico en la ronda gala de este año, estará de acuerdo en afirmar que la del ciclista catalán fue la mejor y más destacable a nivel individual y que quizás, pasó algo desapercibida, por las desavenencias entre sus líderes a nivel interno y el revuelo mediático que esto provocó. Marc, junto con Andrey, estuvo excelente durante las tres semanas que duró el Tour y, tras este, vuelven a convocarle en funciones de gregario para acompañar y trabajar para el líder del equipo en la ronda española, líder aún sin concretar ante los medios de comunicación por la dirección del equipo, y que parece que va variando según el día y la posición alternante en la clasificación general de los ciclistas colombiano y español, Nairo Quintana y Alejandro Valverde.

Y es quizás tras todo lo acontecido por el equipo español en la ronda gala y cansado de tener que mirar por uno o unos líderes que no dejan su posición de líder en claro (al menos públicamente) , que el ciclista catalán se cansa ,se enciende y piensa, por un momento, en mirar por él en lugar de por el objetivo del grupo, a pesar de tratarse de un deporte de equipo.

Famosos son algunos acontecimientos pasados entre líderes y gregarios como aquel en que Hinault ganaba su quinto Tour con una jugada a su compañero Greg LeMond,

 

No es la primera vez que vemos gregarios sublevados ni episodios donde la estabilidad de equipo se muestra tambaleante. Famosos son algunos acontecimientos pasados entre líderes y gregarios como aquel en que Hinault ganaba su quinto Tour con una jugada a su compañero Greg LeMond, a quien el director de equipo hizo parar a esperar al primero, perdiendo así sus propias posibilidades de triunfo en la ronda francesa, los ataques del Chava Jiménez quien ejercía de gregario del español Abraham Olano poniendo en apuros al segundo en más de una ocasión, sin olvidar la jugada de Lance Armstrong a Alberto Contador durante el Tour de 2009, a quien dejó sin sus servicios de gregario por sus propias pretensiones de ganar la carrera, o más recientemente la rebeldía del francés Warren Barguil quien decidió mirar por sus intereses hace unos pocos años en el Tour de Francia haciendo caso omiso de las directrices de equipo y de su labor de servicio a su líder en el que por entonces era su equipo, el holandés Team Sunweb.

Así pues, llega la etapa del domingo pasado en la zona pirenaica entre la localidad de Andorra La Vella y Cortals d’Encamp. Etapa corta pero de mucha exigencia física dado el desnivel positivo acumulado en tan corta distancia. A 15 kms de meta aproximadamente, al, por entonces ciclista francés escapado del AG2R La Mondiale, Bouchard, le daban caza los ciclistas Ben O’Connor del Dimension Data y el joven Tao Geoghegan Hart ,del Team Inneos. Poco después el joven ciclista de Vilanova La Geltrú sobrepasaba a dicha pareja y se ponía en cabeza en la carrera marchando en solitario hacia línea de meta.

Es ahí donde, a falta de 3 kms para la llegada y prosiguiendo en solitario, el ciclista catalán se muestra enfurecido y empieza a quejarse, momento que es captado por las cámaras de televisión que dan cobertura a la carrera. Marc se muestra enfadado, habla y se queja. El coche de su equipo que va tras su rueda le manda parar y esperar a Nairo para trabajar para él. El ciclista catalán no está convencido y a regañadientes cumple órdenes perdiendo así cualquier oportunidad de victoria en la etapa.

Marc se muestra enfadado, habla y se queja. El coche de su equipo que va tras su rueda le manda parar y esperar a Nairo para trabajar para él.

 

 

Nunca sabremos si, sin aquella orden de la dirección, el ciclista catalán hubiese llegado a ganar ante la fuerza mostrada por el jovencísimo ciclista esloveno del UAE Emirates, pero tenía grandes posibilidades de haberlo conseguido, ya que es un ciclista que se desenvuelve muy bien en montaña y que conoce perfectamente el terreno, puesto que reside y entrena habitualmente en el país andorrano.

Enfado comprensible el del ciclista catalán que tuvo que renunciar a su posible victoria de etapa para tirar de su compañero colombiano, que acabaría consiguiendo la primera posición en la clasificación general por un día por un leve margen, cuestión de varios segundos, y que acabaría perdiendo en la siguiente etapa en la crono individual ante el esloveno Primoz Roglic.

Desde la dirección del equipo telefónico, durante la jornada de descanso, se criticó abiertamente la conducta del ciclista catalán quien, posteriormente, se disculpó por su comportamiento ante los medios de comunicación. Posiblemente una respuesta que le vino impuesta o que se le presionó a adoptar desde el mismo equipo.

Comprensible la reacción del corredor. Igualmente entendible la dura condena del director deportivo del conjunto Movistar , Pablo Lastras, quien probablemente, lo expresase con el fin de mantener el orden entre los integrantes del equipo de cara a las próximas jornadas.

Pero, ¿realmente valía la pena frenar al ciclista catalán y hacerle renunciar a una posible victoria de etapa para ayudar a su compañero colombiano a conseguir el maillot rojo sabiendo que lo perdería ante la superioridad en la etapa posterior del ciclista del Jumbo Visma?

¿ Tan necesarios eran esos segundos de ventaja conseguidos en la novena etapa al perder en la siguiente etapa más de 3 minutos ante el esloveno?

Si contestamos a día de hoy, tras la 10ª etapa, la respuesta sería un No rotundo. Sin embargo, esta competición hay que valorarla a largo plazo, a veintiún días vista, y de momento eso aún no lo sabemos. Quizás en Madrid esos 4 o 5 segundos sean los que realmente lleguen a marcar la diferencia para conseguir la ansiada victoria final.

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